Aunque las reglas que vamos a ver no son principios matemáticos,
si las empleamos notaremos como la imagen obtenida provoca cuando la observamos
sensaciones de mayor intensidad.
- COMPOSICIÓN SIMÉTRICA: Muchos de los temas que se
fotografían habitualmente tienen uno o varios planos de simetría.
Personas, animales, objetos, incluso la linea del horizonte pueden actuar
en tal sentido.
La imagen resulta agradable si los motivos situados a ambos lados
del eje de simetría tienen el mismo "peso visual".
La composición simétrica es sencilla, solemne y formal;
pero fría y demasiado mecánica.
- COMPOSICIÓN ASIMÉTRICA: son numerosas las variantes
que pueden incluirse en este apartado. Se las conoce con el nombre de las
formas de letras o figuras que adoptan. Las más utilizadas
son la triangular y las realizadas en forma de S, L, o
C., que parece ser que son las que más a gusto recorre nuestra
vista.
- COMPOSICIÓN CON LINEAS: las líneas pueden estar presentes
en la imagen o existir implícitamente uniendo sus elementos constituyentes.
En una composición, las líneas pueden actuar: haciendo
penetrar nuestra visión en la fotografía, guiando
nuestra mirada por la imagen hasta el centro de interés, o
haciendo salir nuestra mirada de la foto lo más suavemente posible.
- REGLA DE LOS TERCIOS: es la norma más clásica en la
composición, tanto en pintura como en fotografía.
Se basa en dividir el formato rectangular en tres bandas iguales, tanto
vertical como horizontalmente. Existen variantes más complejas basadas
en la utilización de la sección áurea clásica,
pero sus resultados son similares.
Las dos líneas verticales u horizontales, con que imaginariamente
dividimos el encuadre, determinan la posición principal de los elementos
alargados (horizonte, edificios, etc.) y en los cuatro puntos de intersección
de estas líneas se sitúan los puntos de interés de
la imagen.
No es necesario ocupar todas las lineas ni los puntos, sino situar sobre
cualquiera de ellos el elemento principal.
De esta regla se desprende la conocida norma en fotografía de
paisajes, de no situar nunca el horizonte en el centro del fotograma.
- EL EQUILIBRIO: Una fotografía resulta tanto más agradable,
cuanto más equilibrada sea la situación de los elementos
que la componen.
La distribución de los elementos ha de hacerse posicionando los
objetos según su "peso visual", conforme los colocaríamos
en una balanza cuyo centro coincidiese con el del fotograma. Según
esto, los elementos de mayor masa visual se colocarán más
al centro, y los más ligeros hacia los márgenes.
El concepto de "peso visual" se toma en un sentido de mancha o masa,
y también como el del volumen y el peso que intuitivamente asociamos
a cada elemento.
El equilibrio también se extiende a las composiciones verticales,
por ello inconscientemente, la foto nos resulta más natural si situamos
los objetos más pesados más abajo que los ligeros.
Recurriendo al símil de la balanza, si buscamos una composición
simétrica y equilibrada habrá que imaginar la escena como
una balanza de dos platillos y distribuir los elementos en consecuencia.
Si perseguimos un equilibrio asimétrico los distribuiremos imaginando
una balanza romana.
En fotografía en color, la noción de equilibrio, se extiende
también a la intensidad y al contraste de los colores.
Una imagen mal equilibrada es rechazada mentalmente por cualquier observador,
con lo que el resto de su mensaje puede ser totalmente inútil.
- EL RITMO: El ritmo es el resultado de la repetición de líneas,
formas, volúmenes, tonos y colores. La repetición de un motivo
aumenta la armonía de una escena. El ritmo permite además
unir los diferentes elementos de la escena para conferirles unidad y fluidez.
Las composiciones con ritmo excesivamente rígido, como las olas,
cartones de huevos, campos de dunas, terrenos de cultivo, etc., conviene
romperlas con algún pequeño objeto discordante que atenúe
su rigidez y proporcione un centro de interés.